3 abr. 2012

La Periostitis Tibial

 

¿Qué es la periostitis?

La periostitis tibial es una lesión típica del corredor, consiste en la inflamación del periostio o membrana que recubre el hueso de la tibia. Se suele producir sobre todo en épocas en las que los corredores aumentan el volumen del entrenamiento, así, tanto impacto del pie contra el suelo hace que los músculos tibiales traccionen continuamente sobre su inserción ósea, creándose una vibración constante que hace que el periostico acabe por inflamarse.
Aunque en unos corredores esta lesión aparece por una deficiente técnica, en la mayor parte de los casos se corresponde con la inadaptación del periostio y músculo a tanto volumen de entrenamiento. Aunque existen periostitis tibial anterior y posterior, la anterior suele ser la más común, localizándose un dolor agudo en el tercio inferior, que a veces puede llegar incluso hasta la rodilla. 

La periostitis es relativamente fácil de detectar, el día que salimos a correr y en el momento del impacto del pie contra el suelo notamos una ligera molestia en dicha zona, como un pinchazo, que poco a poco se va haciendo más molesta, llegando incluso a modificar la técnica de carrera y en los casos más graves molestando incluso al andar o con el simple hecho de subir escaleras.

¿Cómo tratar la periostitis?

Como toda lesión, la prevención es el mejor de los tratamientos y para ello debemos de pensar primero en el calzado y superficie donde corremos. Las superficies duras y calzado que absorbe poco los impactos hacen que el periostio vibre demasiado y con el tiempo acabe inflamándose, por eso la elección de unas zapatillas que absorban bien el impacto y no correr siempre por superficie dura es el primer medio de prevención que tenemos que poner.
Otro aspecto con el que podemos combatir a la periostitis es con los estiramientos antes y después de la carrera, para que el músculo tibial esté menos denso y a la hora de la contracción ésta pueda realizarse de manera fluida sin afectar demasiado al periostio.
Por supuesto llevar una planificación del entrenamiento adecuada es crucial. Si hace tiempo que no corremos y empezamos con grandes volúmenes (10-15 kilómetros), la periostitis no tardará en aparecer, aunque esto, como en todo deportista, también tiene su parte de genética, ya que hay deportistas en los que su periostio es más resistente y otros en los que se inflama con sólo mirarlo.
Una vez instalada la periostitis se recomienda aplicar hielo unos 15 minutos después de acabar de correr, para así bajar la inflamación, siguiendo con la aplicación de un masaje con una pomada antiinflamatoria. Lo más aconsejable es ir directamente al médico o fisioterapeuta, así diagnosticará la gravedad de la lesión y nos recetará el tratamiento más adecuado.
Si la periostitis no es muy molesta o es pasajera, muchos corredores recurren a los calcetines compresivos o bandas compresivas de esparadrapo en la zona tibial, para así tener más sujeta la zona y reducir la vibración que provoca la periostitis. Esto sobre todo es un remedio común a la hora de hacer una carrera y tener ligeras molestias los días anteriores.
En los casos más graves debe de cesar la práctica deportiva. Son casos en los que el deportista no ha hecho caso a la lesión y ha seguido con sus entrenamientos. Por eso la detección temprana es un punto importante para ganar la partida a la periostitis.


CASO CLÍNICO ACTUAL



Las imágenes de la lesión de David Villa durante la semifinal del Mundialito de Clubes que se disputa estos días en Japón son muy llamativas. La tibia izquierda del delantero azulgrana se fracturó cuando el jugador apoyó la pierna en una carrera 'normal'. No hay contacto con los dos defensas que lo acompañaban ni un mal apoyo. Nada. A falta de confirmación oficial, la tibia del asturiano parece haber sufrido una fractura por estrés, un fenómeno relativamente frecuente en el deporte de élite y difícilmente predecible por los médicos.

"Si doblas una tarjeta de crédito muchas veces y siempre por el mismo sitio, llega un punto en el que se rompe". Igual que los materiales, los tejidos también se fatigan y se pueden romper", explica a ELMUNDO.es Fernando Baró, vicepresidente de la Sociedad Española de Traumatología del Deporte (SETRADE).

De modo que la tibia de Villa habría estado sometida a mucho estrés en el mismo sitio por haber realizado el mismo movimiento de forma repetitiva durante un periodo de tiempo.

De hecho, el jugador ya había referido molestias en las últimas semanas y el entrenador del Barcelona, Josep Guardiola, ha reconocido que sufría una pequeña fractura por estrés. Pero, como subraya Baró, "el problema en estos casos es saber si el hueso está tan dañado que es necesario parar". Algo que no es tan sencillo: "Se puede saber si hay cierto riesgo pero no hay forma de averiguar si este tipo de complicación severa se va a producir o cuándo".

Hay dos pruebas fundamentales que se realizan cuando hay sospecha de que un paciente puede estar sometiendo a un hueso a un estrés elevado, la resonancia magnética y la gammagrafía ósea, "pero ninguna de las dos te dirá si se va a producir la fractura", señala el traumatólogo. "En este caso, cuando se trata de deporte de élite, se suele ir al límite", reconoce.

Cuatro meses de recuperación, mínimo

La lesión de Villa es la más reciente pero no la única de este tipo. Una de las más llamativas fue la del saltador estadounidense Llewellyn Starks, que se fracturó en carrera y aterrizó en la arena con la tibia y el peroné rotos. Era su tercer intento de triple salto en los Juegos de Nueva York de 1992, una competición deportiva de EEUU.

Los traumatólogos solucionaron la fractura de Starks tras dos horas de intervención quirúrgica. Por lo que se sabe hasta ahora de Villa, regresará lo antes posible a la Ciudad Condal donde será intervenido. Las estimaciones de los médicos del Barcelona hablan de unos seis meses de baja, lo que significa que el máximo goleador de la última Eurocopa se perdería la próxima edición de este torneo que empieza el 6 de junio del año que viene.
Los seis meses de recuperación "son los marcados por la biología y por el conocimiento que tenemos acerca de este tipo de lesiones", explica Baró. Aunque los tiempos a veces se pueden acortar, "nunca debe ser inferior a cuatro meses porque aumenta mucho el riesgo de recaídas", añade.



Fuente / Vitónica - ElMundo.es